20/9/08

LOS ALUMNOS CON RECURSOS DEBEN FINANCIAR SUS ESTUDIOS

Universidad y solidaridad
Francisco Delgado de la Flor B.
Miembro titular del Consejo Nacional de la Magistratura

La doctora Martha Hildebrandt ha planteado por segunda vez que los alumnos procedentes de colegios particulares paguen en las universidades estatales donde estudian.

La ley universitaria señala que “la educación superior debe ser gratuita”, pero hace un distingo “para todos los que tienen buenas notas y no pueden pagar su educación”. En este sentido, esta es una norma que debe ser empleada respetándose la ley, y más cuando el Estado no cumple la obligación de apoyar la educación universitaria estatal.

Que el Estado no está aportando debidamente al financiamiento de las universidades como es su deber y obligación, es una verdad clara y latente y que esto pueda cambiar también es claro que a corto plazo no ocurrirá, porque este rubro no está en las prioridades del Gobierno. Está claro que ahora esta responsabilidad no es absolutamente del Gobierno central, sino también de las regiones; por eso a través del canon o sobrecanon ya se está aportando a la mejora de infraestructura de las universidades de provincia, no acceden las universidades públicas de la capital que no gozan de este privilegio, lo que es una lamentable discriminación que debe ser subsanada por el gobierno de la región Lima Metropolitana.

Pero la universidad necesita de mucho más, los equipos modernos, las nuevas carreras, la globalización, etcétera, no puede esperar sobre todo frente a la imposibilidad de los gobiernos de turno, por eso es que la sociedad entera debe apoyarla y con más razón sus estudiantes con su trabajo, su esfuerzo y su apoyo económico.

Resulta especialmente relevante el apoyo económico, sobre todo si estos recursos se dedican directamente a solucionar las necesidades más urgentes de ellos mismos; es decir, mejorar la enseñanza como equipamiento, mejora de laboratorios o talleres, incremento del material bibliográfico o ayuda al estudiante que lo necesite, por ejemplo.

Los recursos que se logren serán siempre pocos, porque el porcentaje de alumnos provenientes de colegios particulares no pasa del 24% en general, pero hay una razón muy poderosa que debemos resaltar y cuya virtud se ha perdido en el país y es la solidaridad. Solidaridad con el compañero que no tiene recursos, solidaridad con la universidad que los nutre, y solidaridad con el país que los cobija.

Esa alma máter, donde orgullosamente se declaran egresados y periódicamente asisten a encontrarse con profesores y compañeros de promoción, también tiene que seguir viviendo y desarrollándose para su propio prestigio, por eso debe apoyársele en sus necesidades económicas.

Independiente de la política, nadie en su sano juicio podrá explicar por qué si en la educación primaria o secundaria un alumno pagó, por qué al ingresar a la universidad ya no debe pagar aunque sea una parte: es que pensamos que la universidad debe ser gratis solo por el hecho de que el estudiante ya tiene más edad o que es estatal. Por qué aquel estudiante que pagaba en su colegio de procedencia 800 dólares mensuales, no debe pagar porque la universidad es pública, somos conscientes de que estamos frente a una discriminación que no resiste ningún análisis lógico ni ético.

Aquí no tienen que ver las leyes, lo importante es que aquel estudiante con recursos, en lugar de gastarlo en una fiesta o en un carro, lo aporte para que todos sus compañeros en la institución que los forma, puedan tener una enseñanza mejor, una enseñanza de calidad.

Enseñar y practicar la solidaridad es una tarea que todos los peruanos debemos aprender y desarrollar y qué mejor que comenzar con la universidad; practicando la solidaridad dejaríamos de tener conflictos entre ricos y pobres, entre regiones con canon y sin canon, entre municipalidades con ingentes recursos y otras con pocos. Más que leyes que obliguen, debemos desarrollar entre nosotros ese sentido de solidaridad.

Existen universidades que con base en la solidaridad han desarrollado sistemas de cobro que elevan el nivel de la institución y cuyo ejemplo podemos observar. Por supuesto que hay casos especiales que deben reglamentarse, así como definir claramente a qué se deben dedicar estos fondos y el estudiante tiene también derecho a saber qué se está adquiriendo y en qué se está gastando su dinero. La transparencia en el gasto debe ser la forma más adecuada de enseñar esa solidaridad.

Tomemos estos ejemplos y desarrollemos esta posibilidad de trabajar con solidaridad. Esperar que sólo se apruebe una ley al respecto, sería políticamente imposible y nuestros legisladores no la apoyarían por miedo a perder votos.
EL PERUANO 22-07-08